App, web, CRM, fidelización, parking, eventos y señalética digital para el primer centro comercial de Madrid.
Un Madrid a escala.
Un centro comercial es una ciudad pequeña. Tiene calles y tráfico. Tiene vecinos que suben la persiana cada mañana, fiestas en diciembre y alguien que pregunta, siempre, dónde están los baños.
La Vaguada, además, tiene memoria. Abrió en 1983, fue el primer centro comercial de Madrid y lo diseñó César Manrique. Llegó después de años de discusiones con el barrio del Pilar. Quizá por eso nunca ha dejado de parecer un barrio.
Nos pidieron poner al día sus activos digitales. Acabamos construyendo algo más parecido a un ayuntamiento.
La entrada
Cada día aparcan aquí más coches que vecinos tienen la mayoría de los pueblos de España. Una ciudad se juzga por cómo se entra en ella.
El parking reconoce la matrícula, cobra con la tarjeta guardada en la app y regala horas según lo que compres dentro. Entras, aparcas, compras, te vas. La barrera se levanta y nadie ha buscado la cartera.
La moneda
Toda ciudad tiene su moneda. La de La Vaguada son corazones.
Pagas con tu tarjeta en cualquier tienda y los corazones llegan solos. Sin QR, sin tarjeta de puntos, sin decirle nada a nadie. Si pagas en efectivo, le haces una foto al ticket. Después se cambian por regalos en las propias tiendas.
Como toda moneda, también hay quien intenta falsificarla. Para eso están los límites, las alertas y un poco de paciencia.
Los vecinos
Los comercios son los vecinos, y los vecinos piden cosas: hacer obra, grabar un anuncio, subir a la cubierta.
Antes eran PDFs que viajaban por correo. Ahora cada solicitud sabe a quién tiene que llegar. Unas cuantas autorizaciones después, nadie echa de menos los PDFs.
Pasa por una parte, o llega a ella con el tabulador, para ver qué lleva.Toca una parte para ver qué lleva.
El padrón
Una ciudad que no conoce a sus vecinos no puede cuidarlos.
Visitantes, comercios, empleados y proveedores viven en un mismo CRM. Desde ahí se segmenta, se automatiza y se avisa: de un evento, de una promo, de que tienes corazones sin gastar. Sin perseguir a nadie.
Las fiestas
Las ciudades también se miden por sus fiestas.
Entradas, aforos, tipos de acceso, QR en la puerta. Un elfo llamado Noelín reunió a una multitud. Ningún concejal de festejos lo habría hecho mejor.
Las señales
Web, app, directorios digitales, mapas, punto de información, aseos. Todo dice lo mismo a la vez, porque todo sale del mismo sitio. Y la pregunta de dónde están los baños tiene respuesta en cada pantalla.
Las carreteras
Ninguna ciudad vive aislada. El sistema habla con los pagos (Redsys), con el parking (Skidata), con la cartelera del cine (Yelmo) y con las promos de marcas como Mastercard. Y siempre hay alguna carretera nueva en el plano.
Pasa por un sistema, o llega a él con el tabulador, para ver qué hace.Toca un sistema para ver qué hace.
Una ciudad no se termina nunca. Esta tampoco.
Cada semana hay un sprint, un bache que arreglar y alguna fiesta que montar. Seguimos ahí, como los buenos vecinos.